Me he dado cuenta que aprendí demasiado tarde lo que valen las acciones. Pensaba que con cuatro palabras se podrían mover montañas, y la verdad es que no da ni para soplar una hoja.
Toda esa colección de imágenes que tengo en mi cabeza pesan más que cualquier sonido, mil y un gestos grabados.
Resultado: siempre una sonrisa, acompañada, a veces, de cosquillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario